- No la hagas sufrir Jabbar.
Sumido en sus pensamientos, levantó la cabeza para encontrarse con la mirada seria de su amigo.
¿- Qué?
- Escuchaste muy bien, no hagas sufrir a esta niña o morirás como tu padre.
Jabbar se enderezó a cámara lenta como si acabara de recibir una bofetada.
Raphaël permaneció impasible, con la mirada fija en la de ella.
- No quiero lastimarla. Dijo apretando el puño.
- Tanto mejor, porque si alguna vez te arriesgas a perderla, entonces te culparás toda la vida.
- ¿Está