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Apolo se despertó, como un guepardo, sintiendo el peligro. Se enderezó, barriendo el amanecer, visualizando el daño. Un aroma de perfume tan maduro como un extracto de fruta fresca le recordó que una mujer joven dormía allí junto a él.

Lentamente, bajó la cabeza y vio una deliciosa criatura dormida cerca de su almohada.

Apolo se pasó una mano por la cara, sonriendo.

Luego la miró con un suspiro.

Boca abajo, boca a corazón, con la cara aplastada en el sofá, parecía haber luchado consigo misma hasta quedar exhausta. Sus trenzas estaban completamente deshechas, esparcidas sobre los cojines, formando un halo alrededor de su hermoso rostro.

No hubo más ruido afuera. Todo estaba tranquilo, reparador y sobre todo, era la prime

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