El corazón no entiende de razones.
Narra Matías.
Luego enfoqué mi atención en el tiburón— supe que has terminado nuestros acuerdos por un par de tetas— le cuestioné molesto sabiendo que igual fue Az qué lo convenció, pero de todos modos sabe que si me tiene de enemigo es peor.
—No hombre—, se acercó a mi — venga a tomarse unos tragos conmigo, — me echó el brazo y lo seguí.
—Escúcheme Camaleón yo soy su admirador—, me senté en un sillón lejos de la maldita loca, — resulta que aquí la niña Cardona me ha dicho que usted no llegaría