Cuando ya estaba alejadas del palacete, Sophie miro el palacete del Duque Monserrat se alzaba majestuoso y frente él. . . un hermoso horizonte, un símbolo de opulencia y poder que pronto pasaría a manos de Dante, y por ende, de Angela, su madre.
El rumor de las olas rompiendo suavemente en la orilla proporcionaba un telón de fondo tranquilo para su caminata, pero los pensamientos de Sophie estaban ocupados por la presencia constante de Dante en su mente y de Angela su madre, quien siempre es