–¡Maldita sea! –exclamó Dante, enfadado consigo mismo, pero sabía en el fondo que haría sufrir aún más a Sophie cuando supiera que él estaba enterado de ese secreto de su origen que lo dejo consternado. Por asuntos de trabajos le toco que viajar y quedarse en Luctano, tenía que verificar como iba el viñedo, así que pasaría allí varios días y eso lo inquietaba.
Dante miró los altos robles y supo que tenía que hablar con su padre, pero cuando llegó frente a la tumba de Donato no sabía qué decir