–¿Te apetece un aperitivo antes de cenar después de este... incidente tan desagradable? –le propuso cuando volvieron dentro y pasaron al comedor.
–No es necesario; estoy bien. Pero agradezco que hayas venido en mi auxilio –murmuró ella, alzando la vista hacia él.
–No tienes que darme las gracias; esta mañana no me porté bien contigo. Te ataqué y te juzgué mal.
Ella lo miró a los ojos.
–No pasa nada –murmuró ella en un tono juguetón, avanzando hacia él–;ya se me ha olvidado. . .No soy rencor