Capítulo 36. Se caen las máscaras
Maya comenzó a llorar y a pesar a que su cuerpo estaba a punto de colapsar, agarró al pequeño Eton y lo pasó al asiento delantero mientras lloraba y gritaba enloquecida.
—¡Mi hijo! Mi pequeño… ¡Ay Dios! Esto es un sueño, mi hijo vivo ¡¿Cómo fue posible?! —exclamaba la mujer entre sollozos.
Entretanto Eton la miraba con miedo.
—Papá ¿Ella es tu esposa? ¡Creo que se volvió loca! —habló con un tono de voz a punto de quebrarse.
—Maya, por favor, tranquilízate lo estás asustando... ¡Cálmate mi amor!