Ella miraba fijamente al frente cuando él subió a su lado. Ajustó el asiento para acomodar sus largas piernas, se abrochó el cinturón de seguridad y encendió el motor. El coche estaba aparcado de frente, así que solo tuvo que meter la marcha y se pusieron en marcha con un suave ronroneo que le hizo apretar los dientes de placer, pues disfrutaba de ese sonido como de ningún otro.
Excepto el ronroneo de una mujer, pensó con pesar. Pero descartó esa idea antes de que lo llevara a lugares a los que