Theo observó las expresiones fugaces en su rostro mientras leía el mensaje y se preguntó quién o qué le había provocado ese miedo. Con una leve sacudida, se dio cuenta de que no sabía nada de su vida personal. No tenía ni idea de su familia ni de sus amigos; no sabía si le gustaba la comida china o la italiana. Esta información, comprendió, podría ser útil para proyectar la imagen de una pareja enamorada.
Fue Sebastián quien habló primero cuando ella apartó el teléfono. —¿Algún problema con los