—¿Entonces qué te pasa?
Camille lo miró con furia. —¿Además de sentirme sucia y humillada después de que me hayas manoseado?
En cuanto pronunció esas palabras, supo que sacar el tema no había sido buena idea. Una comisura de su fascinante boca se torció en una media sonrisa burlona, aunque no era la burla lo que intensificaba su mirada.
—Me has manoseado bastante. Pensó en sus pequeñas y frías manos recorriendo su piel y se aclaró la garganta antes de volver a meterse la camisa dentro del pan