La imagen de esa boca flotaba en su mente mientras ella se giraba bruscamente para mirarlo, su cabello recién peinado extendiéndose como una nube sedosa alrededor de su rostro antes de caer en suaves ondas sobre su espalda.
Theo tuvo el momento de asombro que no había anticipado; lo golpeó como un puñetazo en el plexo solar. Un improperio ronco se le escapó de los labios mientras respiraba hondo; no tenía más control sobre su cuerpo que un adolescente en el primer arrebato de lujuria, allí de p