Lo que la dejaría con muy poca ropa. De repente, una imagen se formó en su cabeza para ilustrar el punto: la vio allí de pie, sin el vestido ajustado, y, en su opinión experta, no llevaba sujetador. Le bastaron unos instantes para poder desterrar la imagen sensual y perturbadora.
—¿Qué te pasa? —preguntó Camille.
La honestidad le impidió gritar: «¡Lo estoy viendo!», porque él no la había obligado a pasar el día siendo mimada y arreglada. Pero era tentador, muy tentador. Lo que había hecho era l