—Me parece genial —dijo, disimulando su sorpresa de que se hubiera molestado en cocinar.
Su casa en la ciudad fue aún más sorprendente. Muebles de estilo rústico y muy acogedora, donde él se había imaginado antigüedades carísimas o ese estilo minimalista y frío que se ve en las revistas de decoración. Enseguida se sentó en sillas de madera con cojines florales y se llevó a la boca con avidez pollo tailandés picante con fideos, acompañado de un refrescante té chino.
—No tienes ni idea de cuánto