Eran casi las nueve cuando cogió el teléfono para llamar a James, como cada semana. Se había acostumbrado a llamarlo por la noche, para que, al terminar, pudiera acurrucarse en la cama y fingir que Asher había escuchado cada palabra. Que se preocupaba por ella y que le dolía estar tan lejos.
¿En qué momento lo dejó ir?, se preguntó. Asher estaba preocupado de que sus sentimientos no fueran reales, que solo fueran circunstancias. ¿Cómo podía demostrarle lo contrario a un hombre que se negaba a ha