¡Para nada señorita!
De acuerdo con el itinerario y sin el más mínimo remordimiento de llevar el cuerpo de Patricio al límite, en el primer mes lo fortalecieron más musculatura, le enseñaron a escalar y sobrepasar obstáculos.

No era un hombre ágil; cada reto le costó; sin embargo, su fuerza de voluntad y sus deseos de cambiar logró ganarse un techo y la comida. La mayor parte de las veces, con su cuerpo adolorido por el esfuerzo, tuvo que preparar su propia cena, al menos ganaba buenos ingredientes para realizarl
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