Alaric depositó a Seraphina sobre las sábanas con una mezcla de brusquedad y un cuidado que se negaba a reconocer.
La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por la pálida luz de la luna que se filtraba por el ventanal, dándole a la piel de Seraphina un brillo casi etéreo.
Pero el ambiente no