—¿Señor? —la voz de Jaxon llegó distorsionada por la sorpresa—. Eso estabilizará la caída del grupo, pero los accionistas rebeldes verán su movimiento como una declaración de guerra de un fondo externo. ¿Está seguro?
—Hazlo, Jaxon. Y no le informes a Alaric todavía. Su mente está en otra parte y no