Al abogado le dolía demasiado el abdomen pero aún así se levantó. No iba a dejar marchar a la jóven, y ella estaba a punto de salir corriendo.
— No, no te atrevas a marcharte de mi lado, si lo haces te vas a llevar contigo mi felicidad, porque eso eres para mí Fiorela. Eres mi felicidad, mi dicha y mi futuro.
— Adriano... — Aunque no le podía ver el rostro, Adriano la podía escuchar sollozar.
— No pienses cosas sin sentido. Yo realmente te quiero a mi lado, quiero tus besos, tus caricia