Sergey sintió como que un rayo le caía de lleno, se le fueron las palabras, y la mente se le puso en blanco.
El CEO ruso comenzó a buscar con la mirada de dónde agarrarse, o donde sentarse para no caerse.
El CEO Rossi lo vió de cerca perder el color de su blanco rostro. No era santo de su devoción, pero si no lo sostenía iba a azotar como una res
— Ruso, ¿Pero qué es lo que te sucede? ¡Responde, carajo!
— Llevemoslo al sofá, parece que se va a desmayar... — Sugirió el doctor.
Eso