Una mirada cargada de amor.
El CEO Rossi no había probado alimentos, estaba pendiente de su esposa y de su suegro. Por fortuna ambos seguían estables.
— Señor Rossi, su esposa ya puede irse a casa, ella está bien, el bebé está bien. Solo procure que no se someta a más estrés, ella también ha prometido que estará tranquila pase lo que pase.
Dijo el médico con la tabla de su expediente en mano. Solo estaba firmando las últimas indicaciones para dar de alta a la señora Rossi.
— Eso es estupendo, nos iremos a casa qu