El primer beso.
Los mafiosos sacaron sus armas de detrás de la cintura. Sus hombres ya estaban organizados y esperando en puntos estratégicos.
Adriano terminó de subir las escaleras y bajó a Fiorela.
— Entra a tu habitación y no salgas de ahí, nosotros nos haremos cargo de esos tipos.
La joven oriental le saltó a los brazos al abogado para sorpresa de Adriano. No esperaba que ella misma se acercara a él.
— ¡No, no vayas, no vayas, no quiero que te hagan daño, Pietro es capaz de matarte, y yo...!