En un momento de rabia y de furia eche a Duncan de mi despacho, fijandome como se marchaba con la cabeza cabizbaja y sin decirme nada más, sentandome después en mi sillón, para llorar como una niña pequeña que le han quitado lo que más desea. No se el tiempo que pase así hasta que escuche como tocaban a la puerta con insistencia, pero no conteste ya que no quería ver a nadie, estaba harta ya de amar a un hombre que no me quería, un hombre que aunque teníamos un contrato firmado no me merecía,