Al escuchar hablar a Duncan y a esa mujer, supuse que era la prometida de mi amor, quedandome inerte donde estaba mientras los escuchaba discutir, cuando de pronto esa mujer se acercó a donde yo estaba enseñando sus blancos dientes, pero de pronto la vi levantar su brazo sin que me diera tiempo a reaccionar, pero Duncan enseguida le cogió su brazo evitando así, la tremenda bofetada que yo iba a recibir de ella
—Anays, ni se te ocurra tocarle un pelo a ella, o no respondo de mis actos — le escuc