Fue imposible detener a Hanna. Apenas un minuto después de que Adrián hubiese salido, la mujer casi los golpeó para que la dejaran salir también. Estaban los tres sentados en la banca larga de la bodega, esperando.
— Deberías irte a casa — le dijo Francisco a Ismael — . A mí me está buscando la policía. No deberían vernos juntos.
Pero el muchacho se encogió de hombros.
— Ahora que Alfonso... bueno, Adrián, ya no es el presidente de Vital, yo estoy automáticamente despedido. En cuanto Alfonso