Sin contemplaciones.
La antigua villa estaba sumida en un silencio casi sepulcral.
Solo había unos cuantos empleados y algunos guardaespaldas que evitaban hablar con la modelo y se concentraban solamente en su trabajo.
No fue sino hasta que Irina lanzó el primer vaso contra la pared, que se escuchó tremendo ruido.
— ¡Maldita sea! ¡Ese mocoso no me ha servido para nada! ¡Solo me ha hecho perder la figura!
El cristal explotó en cientos de fragmentos por todas partes.
Respirando con dificultad, tomó un por