Nos fuimos del juzgado hacia su coche, entramos dentro para marcharnos. Yo no tenía ni idea de donde mi reciente esposo vivía, así que estuve callada hasta que más o menos una hora después, paró el auto, le dio a un botón de un mando viendo como se abría una puerta de hierro, metiéndonos dentro de lo que podría ser su garage. Al bajar, entramos en una preciosa casa, llena de lujos donde no faltaba ni un solo detalle, quedándome en medio del pasillo mirándolo todo.
—-- Bienvenida a su casa, seño