Al día siguiente me levanté temprano, pues los que trabajaban con Mark tenían que venir a por mis pertenencias, me duche, recogí todo lo que me quedaba y me fui a la calle encontrandome con el jefe de los obreros.
—-- Señorita ¿se marcha? en diez minutos sacaremos todo lo que usted tenga para llevarlo a la casa del señor Lombardo, nos tiene que acompañar, no se vaya muy lejos por favor —-- me comentó el hombre
—- No se preocupe, voy al bar para decirle a mi jefa que hoy no puedo trabajar por la