Mientras tanto, François Cartier estaba en su oficina principal, revisando los informes anuales de la empresa. A pesar de su edad, François seguía siendo un hombre imponente, con una presencia que podía intimidar a cualquiera. Había construido el imperio Cartier desde cero, y no permitiría que nada ni nadie lo destruyera.
Frente a él estaban dos hombres de su confianza: Jacques, el jefe de finanzas, y Pierre, el director de operaciones. Ambos eran leales a Brith, pero también respetaban profund