Brith la observó en silencio, sus ojos siguiendo cada uno de sus movimientos. Había algo en su postura, en la forma en que mantenía la barbilla en alto y los hombros rectos, que lo hacía admirarla aún más. Pero también sabía que había cruzado una línea, y aunque no lo admitiría en voz alta, se sentía culpable.
Cuando bajaron al comedor, la abuela Eleanor ya estaba sentada a la mesa, bebiendo su té con una elegancia que parecía innata. Levantó la vista al verlos entrar, y una sonrisa leve se dib