El mensaje llegó a la propiedad Montague un martes por la mañana.
No fue una carta por canales legales. No fue una comunicación financiera enrutada por los intermediarios de siempre. Entregado directamente en el portón de la propiedad por un mensajero que dio un nombre falso en el registro de seguridad y ya se había ido antes de que a nadie se le ocurriera mirarlo dos veces. Sobre sencillo. Sin remitente. Adentro: una sola hoja escrita a máquina. Sin firma.
No era violento. Estaba diseñado para