Roman llevaba once minutos sentado en el coche.
Motor apagado. Manos en el regazo. Sin el teléfono, sin llamadas, sin hacer nada que pudiera describirse como productivo. Solo sentado afuera de Montague Industries en un coche estacionado, lo cual no era algo que tuviera por costumbre y que no podía explicar excepto que alejarse había requerido una decisión que aún no había logrado tomar.
El golpe en la ventana llegó sin aviso.
Se giró. Dante Reyes estaba de pie en la acera, mirándolo a través de