Sera llegó a las siete junto a Dante y supo en menos de noventa segundos que Roman todavía no estaba en la sala.
Lo supo del mismo modo en que siempre había sabido cosas sobre él, antes de que la información alcanzara su mente consciente. La sala se sentía como una sala que aún no había cambiado. Saludó al director del hospital en la entrada, aceptó una copa de champán de una bandeja que pasaba y se adentró en la recaudación de fondos del mismo modo en que entraba ahora en cualquier lugar. Por