Lars entró a la oficina de Roman y cerró la puerta detrás de él.
“Está hecho,” dijo Lars.
Roman levantó la vista de su escritorio. La documentación formal de los cargos estaba en una carpeta delgada en la mano de Lars. Roman la tomó. Abrió la carpeta y leyó las páginas. Tres cargos. Claro. Definitivo. Sin comunicado de prensa de ningún lado, ni de Ashford ni de Montague. Ambas familias preferían el silencio.
La amenaza externa estaba completamente cerrada. Limpia.
Roman sintió que el peso se le