CAPÍTULO 30
TU TIEMPO SE ACABÓ
Después de nuestra acalorada discusión, las cosas entre Dante y yo regresaron a la normalidad. No volvimos a tocar el tema del compromiso, sin embargo, lo notaba algo extraño, sumido en sus pensamientos… distante, preocupado.
— ¿Qué haces ahí? —pregunté adormilada, Dante me miraba en la oscuridad de su habitación, desde uno de los pequeños sofás que había en ella.
Llevaba puesto solo un pantalón de chándal y el torso descubierto, recargaba su cabeza sobre una de s