una hora más tarde, Lizandro y Adriano, se encontraban en el aeropuerto, padre e hijo se abrazaron, Lizandro, vió lo mal y destrozado que su único hijo estaba, todavía le costaba aceptar la situación que atravesaban
— Calma, calma, todo va a estar bien, vamos, subamos ya al avión, no puedo esperar a llegar a ver a mi nieto, me duele tanto verte así, te ha llovido sobre mojado, primero tu esposa y ahora... — Lizandro, puso su mano en el hombro de Adriano, están ahí para él pero sabía que hab