DOLOR.

TRISTÁN.

—¿Qué me estás diciendo, Luciano? —Enmudecí al escuchar las palabras de Luciano, había varias semanas que lo sentía un tanto distante, como si entre nosotros hubiese sucedido algo y yo fuera el único que no se enteró, pero esto que acaba de decirme me dejó en completo silencio. Comprendía su molestia; pero yo no era responsable de nada.

—Lo que acabas de escuchar, la noche que saliste a cenar con Imperio. Ofelia me llamó pidiendo ayuda porque un tipo quería entrar a la casa. Cuando llegué no había nadie, pero vi que la puerta estaba forzada, así que me quedé a hacerle compañía, charlamos y me ofreció un refresco, el cual acepté porque nunca me imaginé que iba a drogarme ¡Me drogó! Esa chiquilla es el demonio.

Me puse de pie e i

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Irak XilefQue bueno la cacheteó, todo por dejarse llevar por la ambición del padre
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