Jadeé, mi espalda arqueándose fuera de la encimera. —¡Oh Dios... Victor!
Él succionó con una intensidad salvaje, moviendo su lengua, encontrando ese punto perfecto y sensible que envió una sacudida directo a mi centro. Su pulgar presionó hacia abajo, frotando mi capuchón mientras su boca hacía magia, una combinación perfecta y brutal.
—Mmm… ahhh… no pares… sí… —jadeé, mis manos agarrando su cabello, tirando de él hacia mí. El placer creció, agudo y agonizantemente rápido. Estaba al borde, una s