Envalentonada, añadió un segundo dedo, deslizándose profundamente con un giro que golpeó mi pared frontal a la perfección.
"Joder, me estás apretando fuerte", gruñó, bombeando hacia adentro y hacia afuera, los sonidos húmedos resultando obscenos en la habitación silenciosa... schlick, schlick... mezclándose con mis respiraciones aceleradas.
Su pulgar tomó el control sobre mi clítoris, moviéndose de lado a lado, implacable. Me agité contra su mano, con los muslos temblando, y el nudo en mi inter