Me abalancé hacia arriba, estrellando mi boca contra la suya. Él gimió en medio del beso, "Mmmph", con su lengua invadiendo, sabiendo a café y a fruta prohibida.
Sus manos vagaron, levantando la falda de mi vestido, sus callosidades raspando mis muslos. Yo tironeé de los botones de su camisa, arrancándolos para revelar ese pecho empapado de sudor que había estado devorando con la mirada durante días.
"Joder, Meadow", gruñó él, dándome la vuelta y empujándome contra la mesa del comedor.
El borde