“Joder, Lena”, gemí, el sonido amortiguado por la gruesa madera del escritorio. Mis manos se enredaron en su cabello oscuro, tirando hacia atrás ligeramente para tener el control, luego empujándola hacia abajo de nuevo, exigiendo más profundidad.
“Mmph…Nngh…Ghnng…” Los sonidos que hacía no eran palabras, sino gruñidos, súplicas densas, amortiguadas por mi presencia en su garganta, indicando el intenso placer que sentía en el acto.
Quería ver su cara, ver esa mirada intensa mientras me trabajab