~POV de Elias~
La tenue luz de la cabina del confesionario parpadeaba como un secreto culpable, proyectando sombras que bailaban a través del gastado entramado de madera que me separaba de los pecadores de St. Mary's.
Yo era el Padre Elias, un hombre que había cambiado el pulso salvaje de las calles de la ciudad por los votos solemnes del sacerdocio hacía dos décadas. Pero esta noche, mientras el reloj marcaba las nueve y el zumbido urbano de fuera de la capilla se desvanecía en un rugido dista