Se amontonó a sus pies, revelando su gloria desnuda... las tetas carnosas rebotando libres, los pezones rosados suplicando atención, su coño afeitado brillando ya entre muslos tonificados. "Joder, eres preciosa", gruñí, rompiendo el beso para morderle el cuello, con los dientes rozando la piel sensible.
Ella se arqueó hacia mí, con los dedos entrelazándose en mi cabello. "Así, nene. Muérdeme. Marca a tu madrastra como el niño travieso que eres". Su voz era ronca, cargada de una dominación que h