—¡Me encanta como quedaste!—exclamó y me reí.
—Creo que exageras.
—No, no lo hago. Ya verás.
Entonces Brenda me tomó de la mano y me hizo caminar hasta quedar de pie frente al espejo.
De verdad no lo podía creer. El vestido que Brenda me prestó me quedaba muy lindo, es azul cielo con estampado de diminutas flores de colores, ceñido al cuerpo, con mangas flutuantes y escote discreto, me llegaba por encima de las rodillas y podía estar cómoda con él. Preferí utilizar unas sandalias blancas con