Bosco miró la fría expresión de Cecilia, se enfadó un poco porque esta se atrevía a amenazarle.
Sin embargo, sin esperar a que él dijera nada, la mujer caminó hacia delante.
En la caja automática, Cecilia sacó las cosas una por una del carrito, y Bosco, se quedó al lado con brazos cruzados, obviamente, no tenía intención de ayudarla.
Cecilia no quería hacerle caso, pero mientras pagaba, Bosco posaba sus ojos en los preservativos de la estantería...
Ella dijo en voz fría: —qué obsceno.
Bosco solo