Cecilia volvió a reír enfadada: —bueno, acuérdate de elegir un perro fuerte.
Hizo una pausa y luego añadió: —hay personas que parecen fuertes, pero en realidad son débiles, ¿si los perros son así?
Bosco se pellizcó la frente distendida, dijo en mal tono: —bájate.
Cecilia extendió las manos: —Devuélveme el móvil.
Los ojos del hombre bajaron hasta la palma blanca de ella: —¿estás pensando en el teléfono o en el hombre que te ha llamado?
—Bosco, te vas a morir si no te callas, ¿verdad? Me has sacad