Al día siguiente, era sábado, Cecilia dormía hasta las once y luego llamó a Diana a cenar juntas.
Anoche estaba muy enfadada por Bosco, y hoy se sintió incómoda, bueno, creía que viviría más tiempo alejada del hombre.
Tenían una cita para ir a comer en un restaurante del cliente de Diana abrió.
De pie, en la entrada de lujo, mirando a los dos porteros en traje, cubrió su cartera: —es muy cara la comida, si no mi cliente no me invitara, no me presentaría aquí.
Cecilia se rio suavemente: —Si no es