Bosco no tenía la menor expresión, las yemas de sus dedos frotaban el móvil, el fondo de sus ojos convergía con un color frío mordaz.
Luego, mostró una sonrisa significativa, su voz limpia más bien juguetona: —Bueno.
Bajo la mirada de Salvador, el hombre marcó el número de Cecilia, y un tono mecánico salió del auricular, aunque no estuviera en altavoz, se oía claramente en el ambiente silencioso: —Lo siento, el número que ha marcado no está disponible en este momento.
...
Le había metido en la l