Bosco enterró su rostro en el hombro de Cecilia, con su cálido cuerpo apretado contra ella, sus dedos recorriendo su cabello, y la otra mano sosteniendo la esbelta cintura de la mujer.
El cosquilleo del contacto hizo que Cecilia sintiera escalofríos en la espalda.
La voz ronca del hombre estaba en su oído: —Intenta lo que dijiste la última vez.
¿Qué?
Cecilia no podía recordarlo, y en un momento así no podía dedicar su mente a pensar con detenimiento, pero entendía vagamente lo que Bosco quería d