Bosco miró a Cecilia, que fruncía el ceño. Aunque se veía obligada a inclinarse hacia sus brazos, fijó los ojos en Héctor, como si el hombre que tenía enfrente fuera el que amaba ella.
Su mano estaba cayendo sobre la cintura de Cecilia, apretándola con fuerza.
La miró Bosco con ojos profundos: —vamos.
Juan había aparcado el coche al lado de los dos.
—No...
Cuando Cecilia intentó negarse, la obligó a subir al coche.
Héctor, descontento, iba a detenerse, pero fue bloqueado por dos guardaespaldas
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