Cecilia no dijo nada, pues, Bosco pensó que por fin había entrado en razón y había reconocido quién era él. Ella lo empujó hacia atrás, diciendo descontenta: —Aléjate de mí, es molesto mirarte.
Juan la observó con inquietud, aunque Cecilia no solía ser tierna, definitivamente no debía ser así, temía que enfadara al Bosco y la dejara directamente aquí.
Bosco contuvo su ira, abrió la puerta del coche y la empujó a la persona dentro, —vuelve a la Villa Midin.
—No voy a la Villa Midin—, Cecilia se r